Por varios motivos que se pueden resumir en dos (falta de tiempo y de noticias especialmente relevantes), no he podido actualizar este blog en estos tres meses. Si escribo ahora, día 15 de marzo, es porque me ha sorprendido una noticia que viene desarrollándose desde el lunes (No me parece que hayan informado demasiado los medios de comunicación españoles)
El Gobierno chino se enfrenta a la prueba más dura que ha vivido hasta ahora con vistas a los Juegos Olímpicos (JJ OO) del próximo agosto. Las protestas de los monjes que sacuden Tíbet desde el pasado lunes sufrieron ayer una fuerte escalada, con el incendio de coches y tiendas en Lhasa, que llevaron el caos a la capital de la región autónoma china y provocaron al menos dos víctimas mortales, según varias fuentes. El Dalai Lama, líder espiritual tibetano, urgió a Pekín a que ponga fin al uso de la “fuerza bruta”. La Embajada de EE UU en Pekín dijo que ciudadanos estadounidenses habían informado de disparos en la ciudad. Los monjes protestan contra lo que consideran la ocupación china de la región del Himalaya.
El País
China ha aumentado la presión sobre los manifestantes tibetanos y les ha dado “un plazo de rendición”, después de que las peores protestas en 20 años en Tíbet dejaran ayer una decena de civiles muertos. Pekín difundió un informe sobre la cantidad de fallecidos y mostró las primeras imágenes de televisión de las manifestaciones registradas en Llasa, y ha advertido de que tomará medidas más severas para detener las protestas que han surgido a pocos meses de los Juegos Olímpicos de Pekín.
El País
Tal vez sea necesario recordar las palabras que François Carrard, director general del COI, pronunció el mismo día de la elección de Pekín como ciudad olímpica en el 2008.
Existen dos formas de aproximarse al problema de los derechos humanos. La primera, cerrar la puerta, como una sanción, y esperar a que todo vaya mejor. La otra es abrir la puerta para que en los próximos siete años el progreso y el desarrollo sean un hecho.
Parafraseando al señor Carrard, se podría decir también que existen dos formas de aproximarse al problema de los derechos humanos: la primera es intentar que dejen de ser un problema, la segunda es agrandar ese problema todavía más.