Un gráfico interactivo elaborado por el New York Times nos muestra las consecuencias del crecimiento económico chino en el medio ambiente. Llaman la atención los puntitos repartidos por el mapa: en blanco, la misma polución que en Los Ángeles; en rosa, multiplicada por dos; en naranja, tres veces más. Los Ángeles, no hace falta decirlo, tiene un grave problema de polución en el aire.

Este post sólo toca de manera transversal las Olimpiadas de Pekín, pero a la vez explica que, cada dos por tres, aparezcan en los medios oficiales chinos noticias que informen de las medidas que se están tomando para frenar esta crisis de proporciones gigantescas. Por ejemplo:
Semana del tráfico verde para frenar las emisiones
El gobierno insta a la población de 108 ciudades, incluidas Pekín, Shanghai y Tianjin, a caminar, ir en bicicleta y utilizar el transporte público en vez de los coches durante una semana y hasta el 22 de septiembre (En castellano)
Campaña para hacer a los taxis de Pekín libres de humo
Las autoridades municipales de Pekín prohibirán fumar a conductores y pasajeros en los taxis durante el mes próximo en una campaña para promover unos Juegos Olímpicos sin tabaco.
Los Juegos harán un Pekín más verde (Broma: de hecho, están estudiando cambiar el color rojo de la bandera por el verde)
Los Juegos Olímpicos ayudarán a Pekín a reducir sus emisiones de gas, según ha manifestado un importante experto medioambiental.
Todo esto confirma mis sospechas: los únicos avances, aunque sean mínimos, se están dando en el campo de la ecología. Gracias a Al Gore, ahora todos somos un poco más verdes; en China también, entre otras cosas porque adoptar alguna que otra medida verde no afectará en nada a su forma de gobernar. La reducción de gases contaminantes es compatible con las detenciones arbitrarias, la censura o los trabajos forzados en campos de trabajo. Además, como ya dijimos, la situación medioambiental es la única que de verdad preocupa a un atleta desde el punto de vista práctico: un aire sucio y cargado puede afectar al trabajo de un corredor de maratón, pero no que a 500 metros se esté torturando a un inocente.