Libertad religiosa

El pasado día 12 de octubre la Gazzetta dello Sport (lástima que el artículo sea de pago) publicaba que el Comité Organizador había prohibido la presencia de Biblias -y cualquier símbolo religioso- en la Villa Olímpica. Al parecer, esta prohibición venía argumentada por una interpretación un tanto sesgada del artículo 61 de la Carta Olímpica:

No se permite ningún tipo de propaganda política, religiosa o racista en el área olímpica.

Creo que no hace falta explicar la diferencia entre la ostentación pública de símbolos religiosos -por ejemplo, una enorme cruz cristiana expuesta en cualquier estadio olímpico no tendría ningún sentido- y la fe privada de cada persona. Aquellos deportistas que quieran tener una Biblia o un Corán en la mesilla de noche de su habitación, deben poder hacerlo sin ningún problema. Si, pongamos por caso, el ganador del maratón llevara una bandera con la inscripción “Alá es grande”, estaría contraviniendo el artículo 61 de la carta olímpica.

Al parecer, todo este asunto ha quedado en una especie de malentendido con letra pequeña, ya que las autoridades chinas han desmentido estas informaciones, a las que califica de rumores, y aseguran que “las autoridades de asuntos religiosos de China y el comité organizador para los Juegos Olímpicos no han, ni podrían, emitir normas para prohibir la Biblia en la Villa Olímpica”.

Sin embargo, añaden que “China siempre ha respetado y protegido la libertad religiosa de los extranjeros que viven en China conforme a las leyes y regulaciones”. Es decir, que niegan de forma implícita la existencia de cristianos chinos (entre 8 y 12 millones, según el Vaticano) y, por tanto, la posibilidad de que un deportista chino, si le da la gana, pueda leer la Biblia en su habitación.

Como ya hemos dicho aquí, la relajación de algunas prohibiciones sólo afectarán a los visitantes extranjeros para que vivan en una especie de burbuja feliz y, de esta forma, mostrarles una buena imagen del país.

Y como colofón, el artículo 36 de la Constitución china, todo un ejemplo de ambigüedad respecto a la libertad religiosa.

Artículo 36- Los ciudadanos de la República Popular China son libres de profesar creencias religiosas.
Ningún organismo del Estado, organización social o individuo puede obligar a un ciudadano a profesar tal o cual religión o a dejar de practicarla, ni tampoco discriminar a los ciudadanos creyentes ni a los no creyentes.
El Estado protege las actividades religiosas normales. Ninguna persona puede realizar, al amparo de la religión, actividades que atenten contra el orden público, causen daño a la salud de los ciudadanos o perturben el sistema educacional del Estado.
Las organizaciones y asuntos religiosos deben mantenerse libres de todo control extranjero.

Las negritas son mías.

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