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Tregua olímpica

La Asamblea General de la ONU pidió hoy a sus Estados miembros que observen de manera individual y colectiva una tregua durante la duración de los Juegos Olimpícos y Paralímpicos que se celebrarán en China en 2008.

Liu Qi, presidente del Comité organizador chino de las Olimpiadas, presentó el proyecto de resolución al órgano de la ONU. Admitió que los Juegos no cambiarán al mundo de un día para otro, pero continuarán inspirando a luchar por una paz duradera y la prosperidad común.

Tres comentarios:

– La tregua olímpica se aplica cada vez que hay Olimpiadas, es decir, cada dos años (Las de invierno también cuentan)

– Es uno de los máximos exponentes del espíritu de concordia entre naciones que postula el Movimiento Olímpico.

– Al mismo tiempo, lamentablemente no deja de ser simple palabrería para quedar bien. Cada dos años repiten el mismo texto y las mismas buenas intenciones.

De todas formas, hay que aplaudir la iniciativa, aunque por esta tregua las guerras no van a terminar, y me temo que tampoco se van a tomar un descanso de (sólo) quince días.

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Una olimpiada, dos comités

Acabo de enterarme, Wikipedia mediante, que los Juegos de 2008 se celebrarán en las instalaciones de dos países miembros del Comité Olímpico Internacional. La mayor parte de las pruebas se disputarán, como no podía ser de otra forma, en la ciudad de Pekín. Otras ciudades más o menos cercanas acogerán las competiciones de vela y algunos partidos de fútbol. Por su parte, las pruebas de hípica tendrán su sede en Hong Kong, que pertenece a China desde 1997, cuando Gran Bretaña traspasó la soberanía del enclave colonial a las autoridades chinas, con la condición de que se respetaran las instituciones políticas y el status económico de Hong Kong. Es por eso que la isla pasó a gobernarse bajo la fórmula de un país, dos sistemas. El mismo procedimiento se utilizó con Macao, antigua colonia portuguesa, en 1999.

Fruto de esta ambigüedad -Hong Kong es prácticamente independiente de China, que sólo controla la defensa y la política exterior- se ha producido una situación cuanto menos peculiar: Hong Kong es miembro reconocido del CIO desde 1951. Si en aquel tiempo era colonia inglesa, nada tenía que cambiar a partir de 1997. La soberanía de China sobre Hong Kong sólo es visible en el concierto político internacional, porque en el deportivo actúan como dos entes distintos.

A todo esto hay que sumar que el deporte nacional de Hong Kong son las carreras de caballos -el turf, es decir, lo que de los hipódromos. Quizás por eso los responsables de la candidatura pekinesa pensaron en la antigua isla pirata para que acogiera las competiciones de hípica (doma, saltos… Pero, paradójicamente, no turf), o igual hay alguna intención encubierta para demostrar, ante los ojos del mundo, que Hong Kong es tan china como los guerreros de Shi’an.

Sea como fuere, la verdad es que dos Comités Olímpicos Nacionales tendrán algo que ver en Pekín 2008. Y no es la primera vez que pasa: en Melbourne 1956, por culpa de una absurda ley australiana, no dejaron entrar al país a los caballos de las pruebas de hípica. ¿La solución? Celebrar esas pruebas en Estocolmo. La historia se repite, pero seguro que no llamará tanto la atención como la primera vez.

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Carta olímpica

La Carta Olímpica es, por así decirlo, la constitución del Movimiento Olímpico. En ella aparece descrito el funcionamiento interno del CIO, se tratan cuestiones protocolarias y se explica cómo deben administrarse y celebrarse los Juegos Olímpicos. Hay escasísimas referencias a todo lo que no sea deporte o temas administrativos. Por ejemplo:

1.2.14. (…) velará para que los Juegos Olímpicos se desarrollen en condiciones que revelen una actitud responsable ante los problemas del medio ambiente y estimulará al Movimiento Olímpico a que se preocupe de estos problemas, tenga en cuenta esta preocupación en todas sus actividades y sensibilice a todas las personas relacionadas con el Movimiento Olímpico sobre la
importancia de un desarrollo durable.

No parece que la actitud de Pekín, y de toda China, sea la más responsable ante los problemas del medio ambiente. Sin embargo, este parece ser un problema menor que siempre se puede solucionar

1.3.3 Para formar parte del Movimiento Olímpico, es necesario respetar los principios éticos fundamentales.

Una pregunta tonta: ¿qué se entiende por “principios éticos fundamentales”? Si no concretan más, es imposible utilizar este artículo para hablar de la falta de derechos humanos y todo eso.

2.20.1.3 El COI recibe a sus nuevos miembros en el transcurso de una ceremonia durante la cual aceptarán cumplir con sus obligaciones, prestando el siguiente juramento:
«Habiendo sido distinguido(a) con el honor de formar parte del COI y de representarlo, plenamente consciente de las responsabilidades que esta distinción implica, me comprometo a servir al Movimiento Olímpico con todas mis facultades, a respetar y hacer respetar todas las disposiciones de la Carta Olímpica y las decisiones del COI, que consideraré inapelables, a atenerme al código de ética, a permanecer insensible a toda influencia política o comercial, así como a cualquier consideración de raza o religión, y a defender en toda circunstancia los intereses del COI y del Movimiento Olímpico».

Traducción rápida: nada de política. Aquí sólo se habla de deporte, por lo que nos da igual que la ciudad elegida se encuentre dentro de una dictadura.

1.5 Los miembros del COI no pueden aceptar de gobiernos, organizaciones u otras personas jurídicas o físicas mandato alguno que sea vinculante o menoscabe su libertad de acción y de voto.

Los gobiernos, instituciones y ONGs pueden decir lo que quieran, nosotros haremos eso, lo que queramos.

El texto es ambiguo e impreciso. Las cuestiones más espinosas se salvan con frases efectistas pero vacías de contenido, como eso de los “principios éticos fundamentales”. De la Carta Olímpica no se puede extraer nada, o casi nada, que cuestione la elección de Pekín. La Carta, por tanto, no debe utilizarse como dogma de fe ni nada parecido. Se han cubierto muy bien las espaldas y me puede parecer hasta bien: a fin de cuentas, el olimpismo sólo vive del deporte y de los pingües beneficios económicos que éste puede generar.

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